Cada vez que comentamos este tema en clase, no puedo dejar de advertir que la estructura familiar que crearon los romanos estaba tan bien trabada que hoy en día es difícil hablar de familia si no es de la clásica.
Todo giraba alrededor del pater familias, un hombre en manos del que estaban todas las decisiones importantes de la familia. ¿Y la matrona? Es difícil imaginar que la señora de la casa consintiera decisiones más que injustas estúpidas. Pero si conseguía imponer su opinión, ésta debía ser ratificada por el pater. Este hombre tenía poder sobre su esposa, sobre sus hijos, sobre sus esclavos. En fin sobre todas sus posesiones.

El hombre romano tampoco tenia toda la libertad que deseaba pues debía casarse y si no lo hacía, atenerse a las consecuencias; que solían reducirse a tener que pagar más impuestos.
El matrimonio siempre era un acto social muy importante al que los romanos daban mucha importancia. Ritual plagado de supersticiones, algunas de las cuales hoy en día siguen existiendo, aunque algunos piensen que el origen es el cine americano.

Primero estaba la pedida de mano, llamada en Roma sponsalia. La ceremonia más importante recibía el nombre de Confarreatio y estaba plagada de rituales, que siglos después seguimos al pie de la letra, pensando que son muy modernas y que proceden del mundo del cine. Así se considera muy romántico entrar con la novia en brazos en la nueva vida de casados. También que la novia lleve vestido blanco y con cola, según los romanos para borrar sus hueyas y que los malos espirítus no persigan al nuevo matrimonio. El banquete de la boda que también pagaba el padre de la novia.
